| ÁREA TÉCNICA | Por un tenis de mesa más competitivo en el ámbito internacional Autor: Hubert Hustache Artículo traducido del francés por Joan Arnau y cedido para su libre publicación. |
Hay numerosos dominios en los cuales debemos mejorar si queremos rivalizar
con los jugadores de otras naciones, pero tenemos un retraso muy importante
en algunos aspectos del juego que dependen de nuestra manera de entrenar.
La evolución del tenis de mesa moderno otorga una importancia fundamental al trabajo del servicio, a la devolución del mismo, a la toma de la iniciativa y también a un aspecto menos conocido y de hecho poco trabajado que consiste en ser capaz de jugar de manera activa contra la iniciativa del adversario.
Esto tiene consecuencias muy importantes en nuestra manera de organizar nuestros entrenamientos con el fin de poseer las respuestas apropiadas frente a jugadores que practican un tenis de mesa más ofensivo o activo del que nosotros somos capaces de realizar.
Tres dominios de juego deben ser objeto de una atención muy particular aunque convenga no olvidar ningún otro aspecto.
A) El trabajo de los servicios:
Parece que tenemos grandes dificultades en sacar ventaja de nuestra puesta en acción a partir de nuestro servicio.
Esto es debido a dos dificultades importantes:
Nuestra capacidad de controlar la longitud de nuestro servicio.
La posibilidad de enmascarar a nuestro adversario la naturaleza del servico que producimos.
A.1. La longitud de nuestros servicios:
Existen fundamentalmente tres longitudes de servicios.
Los servicios cortos (cuando la pelota da dos botes sobre el campo del adversario).
Los servicios medio-largos o "sevicios pupa" (cuando la pelota después de un primer bote en el campo del adversario, cae cerca de los límites de la línea de fondo de la mesa).
Los servicios largos (los cuales son generalmente rápidos con el fin de descolocar al adversario en el momento de su devolución).
A.2. El camuflage de los servicios:
En la mayoría de los casos, mostramos al adversario la naturaleza del servicio que producimos.
Esto depende de nuestra capacidad gestual y de nuestra dificultad de modificar nuestra acción sobre la pelota en el preciso momento de contacto con ella.
A partir de estos datos, conviene otorgarle una importancia muy particular a nuestra capacidad de:
producir una rotación en la pelota,
escoger la zona adecuada de contacto con la pelota,
dominar la zona de contacto de la pelota con la mesa,
conservar una cierta flexibilidad a nivel de la muñeca con el fin de retrasar o de camuflar a nuestro adversario la acción que ejecutaremos sobre la pelota.
Muchos jugadores en el ámbito internacional son capaces de producir un doble movimiento en forma de ida y vuelta que hace muy difícil el análisis del efecto realizado, ya que escondiendo con su cuerpo el momento en que se produce el contacto con la pelota es imposible disponer de los elementos de apreciación suficientes para responder correctamente a la acción que ellos efectúan.
La reglamentación a nivel del servicio está formulada de tal forma que la apreciación del árbitro se manifiesta determinante. Hay que reconocer que no existe una unidad de acción común entre ellos y aquello que puede ser aceptado o tolerado por unos no lo es forzosamente por los otros.
En todo caso, parece capital la capacidad de poder disimular nuestra intención al adversario en el momento de servir.
El trabajo de nuestros servicios con cesta de pelotas parece una necesidad que no debemos omitir teniendo mucho cuidado en verificar si a través de nuestra realización somos capaces de inducir a error a nuestro adversario.
Además, es necesario concebir nuestro servicio con una posición de recolocación que nos permita aprovechar en las mejores condiciones posibles la situación que hemos sabido generar.
B) Las devoluciones de los servicios:
De hecho, este aspecto del juego no es más que la consecuencia del primer punto mencionado.
Si no creamos dificultades particulares en el momento de servir, estaremos poco habituados a devolver servicios, que aparte de su diversidad, nos pongan problemas.
Contra jugadores que poseen esta facultad nos enfrentamos a dos tipos de dificultad:
La primera consiste en nuestra capacidad de analizar correctamente la naturaleza del servicio producido por el adversario.
La segunda consiste en poder reaccionar a tiempo con relación al servicio producido.
Si bien no existe un remedio milagroso en relación a esta situación, es conveniente trabajar especialmente nuestra capacidad de observación de la pelota, de la acción producida por el adversario, del bote de la pelota sobre la mesa y adoptar una posición de espera adecuada con el fin de poder reaccionar en el tiempo adecuado con relación a la situación creada.
A menudo, nos preocupamos por devolver el servicio sin una verdadera intención de molestar al adversario.
Esta pasividad perjudica nuestra capacidad de desarrollar nuestra propia iniciativa.
Aunque nuestra respuesta pueda generar faltas, es vital que podamos desestabilizar a nuestro adversario con una acción que él tenga muy difícil de anticipar.
La evolución del partido nos mostrará muy rápidamente las intenciones de nuestro adversario.
De hecho, toda respuesta que no sea conforme con la situación que él espera, constituye un elemento suficiente para ponerle en dificultades.
La observación de la posición de espera del adversario es en este sentido muy rica de enseñanzas que nos muestran como podemos contrariar sus proyectos.
Además la afirmación de nuestra intención constituirá siempre una dificultad suplementaria para el otro, habida cuenta que espera de nosotros una respuesta que él ha anticipado previamente.
C) El juego contra la iniciativa del adversario:
Aquí también se trata de modificar la forma que tenemos de entrenar.
En efecto, a menudo ideamos ejercicios en los cuales estamos en disposición de tomar la iniciativa, de manera que el restador ejerce un papel pasivo que facilita nuestro objetivo.
Devolución corta, Cortada agresiva, Bloqueo activo, Flip, Contra top-spin, son acciones que olvidamos excesivamente y que nos ponen en competición en una situación demasiado pasiva dejando de esta manera el campo libre a nuestro adversario.
Por ello, conviene hacer comprender al restador que su papel no consiste en facilitar el trabajo del otro, sino más bien al contrario, crearle dificultades que le provoquen una falta o que puedan permitirle al restador retomar la inciativa.
Muchas acciones se producen de manera instantánea, casi automática, sin una verdadera intención de molestar al adversario.
Dependerá de las trayectorias que escojamos, de la naturaleza de los efectos que produzcamos, así como de las variaciones de ritmo que seamos capaces de efectuar.
Si se considera que el tenis de mesa es antes que nada un deporte de confrontación, parece vital considerar que nuestras respuestas inducen directamente las reacciones de nuestro adversario.
Así pues, las cualidades que seamos capaces de obtener dependen en gran parte de la situación que sepamos generar.
Todo es un tema de dependencia o independencia en relación a la acción de nuestro adversario.
De hecho, nuestro nivel de confianza y de afirmación de nosotros mismos se revelará determinante en el momento de la confrontación.
Es necesario pues hacer todo lo posible, con el objetivo de que los jugadores sobre los que tenemos nuestra responsabilidad en el entrenamiento, desarrollen a través de su práctica un cierto nivel de confianza, creatividad, rigor y exigencia en relación a sí mismos.
Vistos los elementos enunciados hasta ahora, parece importante revisar nuestra forma de entrenar con el fin que las situaciones creadas en los entrenamientos se correspondan más a aquéllas a las que nos enfrentaremos en la competición internacional.